Fuimos pioneros en la congelación por impacto en la década de 1990 para un procesador líder de comida rápida en Estados Unidos que necesitaba una forma mejor de congelar hamburguesas de forma rápida, consistente y a un coste menor que el gas criogénico. Ese mismo avance sigue siendo hoy en día una de las mejores formas de proteger la calidad de los productos finos y de alto valor.
El impacto funciona dirigiendo miles de chorros de aire a alta velocidad hacia las superficies superior e inferior del producto. Estos chorros eliminan la capa aislante de aire que retiene el calor alrededor de los alimentos. La transferencia de calor aumenta drásticamente y la congelación se produce en una fracción del tiempo que se esperaría de los sistemas de aire convencionales.
¿El resultado? Una velocidad que iguala o supera muchos resultados criogénicos, con mayor flexibilidad, un control higiénico más estricto y menores costes de funcionamiento.